No he visto Babel, ni Los Hijos del Hombre, ni el Laberinto del Fauno. No se trata de un boicot en contra de películas dirigidas por mexicanos, sino de uno de los costos que tener hijos pequeños implica. Cada ida al cine supone, para Mido y para mí, un problema logístico muchas veces imposible de superar.
Tras ver Amores Perros, no me quedaron ganas de ver otra película de González Iñárritu, pero si gana un premio Oscar me sentiré obligado a ver su última cinta. Aunque de Y tu Mamá También salí desepcionado, Sólo con tu Pareja es una de mis películas favoritas, por lo que la película de Alfonso Quaron sobre un futuro sin esperanza estaba en la lista de películas que quería ver en el cine y ahora está en la de las películas que tendré que tendré que ver en DVD a menos que hagan un reestreno. Cronos, El Espinazo del Diablo y Hellboy me gustaron mucho, por lo que el no poder ver en la pantalla grande la más reciente película de Guillermo del Toro me causó malestar.
Tras que esos directores fueron nominados al Premio Oscar junto con los también mexicanos Emmanuel Lubezki (Fotografía), Guillermo Arriaga (Guión), Fernando Cámara (Sonido), Alex Rodriguez (Edición) Adriana Barraza (Actriz de Reparto) Eugenio Caballero (Arte) y Guillermo Navarro (Fotografía) han surgido todo tipo de opiniones en torno al “Cine Mexicano” y el rol que el gobierno de México debería de hacer “en favor del Cine Nacional”. Ahora quiero compartir la mía.
Al igual que el presidente de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), Pedro Armendáriz, siento “gusto por todos los mexicanos nominados”, y comparto su opinión de que “las nominaciones no son un triunfo para un país sino un reconocimiento al trabajo y al talento de los artistas”, que “son ellos los que han trabajado muchísimo” y que “el cine no tiene nacionalidad”.
En cambio, no estoy de acuerdo con aquellas voces, incluídas las de muchos de los nominados, que exigen del gobierno un “mayor apoyo” para el “cine nacional” y lamentan que no se haya nombrado aún al director del
Instituto Mexicano del Cine y que éste no cuente con “suficientes recursos” pues no creo que sea función del gobierno “apoyar” la producción de películas.
No puedo estar de acuerdo con quienes ven en estas nominaciones un “fracaso” para el “cine nacional” porque “nuestros” artístas “tuvieron” que irse fuera del país para desarrollar sus talentos ni con quienes ven en el “triunfo” un motivo “apostarle” (con nuestros impuestos claro) a “nuestra industria fílmica”.
Yo creo que la industria del cine, como cualquier otra, debe basarse su desarrollo en satisfacer a sus clientes. La industria del cine en México prosperará no en la medida en que sea capaz de obtener mayores recursos públicos para producir películas o mediante la promulgación leyes que garanticen una mayor distribución de sus películas o una cuota de salas para que sean exhibidas. Prosperará en la medida en que logre producir películas que el público de México y del cualquier otra parte del mundo esté dispuesta a ver.
¿Acaso alguien cree que con mayor gasto público en cine habría habido más mexicanos nominados, o que con menor gasto habría habido menos? Yo no creo que estos artístas deban su éxito al apoyo que hubieran recibido a lo largo de sus carreras de parte del gobierno. Al contario, creo que han tenido éxito a pesar de haberlo recibido, pues de haber tenido más “apoyo” quizás no se hubieran visto en la necesidad de buscar fuera del país las oportunidades que finalmente les permitieron desarrollar su talento.
El gobierno no es la solución al problema del cine, pero seguramente ha sido parte del problema.