En cambio, la propuesta de recorte al presupuesto de la UNAM ha sido exitosamente utilizada por los detractores de Calderón. Lo acusan de estar en contra de la educación pública en general y de la UNAM en particular, de haber iniciado una suerte de venganza encontra de la institución. Dudo que ese sea el caso, pero las declaraciones de algunos miembros de su propio partido no han hecho mas que darle credibilidad a los argumentos a sus opositores.
Coincido ampliamente con lo que señala en su columna de hoy Jorge Fernández Menendez, en la que califica la decisión como inoportuna y hace notar la falta de consensos y respaldos necesarios para llevar acabo las transofrmaciones que urgentemente necesita la UNAM.
Una propuesta de este tipo al arranque de un gobierno y en el último año del rector al frente de la universidad genera problemas donde no los ha habido (al menos desde el punto de vista político). Entiendo que el equipo de Calderón se ha percatado de esto y ya ha iniciado el control de daños. El que un presidente esté dispuesto a enmendar sus errores siempre será una buena noticia.
Para la UNAM entonces, ni un peso menos, pero ni un peso más si no existen compromisos de transformación, rendición de cuentas y evaluación del desempeño a cambio de los recursos adicionales.
Creo que si el gobierno federal estableciera ciertos objetivos a cambio de apoyos, se obtendrían mucho mejores resultados. Nadie estaría encontra de que se le brindaran mayores recursos, y quienes se oponen a la supervición del uso de los recuros tendrían que enfrentar la nada fácil labor de convencer a la opinión pública de que a la UNAM no debe rendir cuentas a nadie.