Escribo este post desde “algun lugar de la selva”. O mejor dicho, desde mi celular en Xicotepec de Juárez. Hace unos momentos me enteré de que el ejercito colombiano liberó a Ingrid Betancurt. Eso me alegra mucho.
A quienes les molesta este hecho o la forma en que se consiguió su libetad les envio desde aqui mi desprecio.
Les ha resultado muy fácil a los simpatizantes y seguidores de López Obrador descalificar a los autores el spot en el que se le compara con diversos dictadores: son de ultraderecha y que no se diga más.
Lo que no han podido hacer es desmentir su contenido. ¿Es una campaña de desprestigio? Sin duda. ¿Está basada en mentiras? A mi me parece que no.
Espero que los políticos mexicanos nacionalistas, patrióticos, esos valientes guardianes de nuestra soberanía y defensores de nuestros recursos naturales no quieran copiarle la idea a Chávez. No vayan a salir con que el cemento también es “nuestro”.
La liberación de cualquier persona secuestrada debe ser celebrada. Pero no creo que haya que celebrar el hecho de que hubiera hecho falta la intervención de un amigo de los secuestradores para que esto hubiera sido posible. Díme con quien andas y te diré quien eres.
Estoy contento por la derrota sufrida por Chávez, pero al mismo tiempo quedo preocupado. Le queda tiempo para volver a intentar cambiar las reglas e imponer un regimen totalitario.
Pero por el momento creo que hay razones para celebrar.
“yo soy un soldado… y se los juro por Dios y mi madre” - Hugo Chávez.
Posiblemente más de un diputado y senador mexicano soltarían una lagrimita de emoción al escuchar a Chávez hablar así… tan fuerte, tan hombre de Estado, tan protector del pueblo. Esos son hombres y no mentiras, esos que con fuerte voz nos dicen “yo soy un soldado… y se los juro por Dios y mi madre”. No hay corazón estatista-populista que no se conmueva con las palabras del hombre que vestido de rojo habla a la multitud con un SI en el pecho. Por eso la reforma electoral, para que nadie pueda llamar “peligro para México” a quienes quieran emular a Chávez en este país. ¡Al fin tendrán el poder que él tiene, el poder de cerrar cualquier televisora que no les hable bonito!
La plaza llena de hombres, de mujeres y de miedo. De miedo a perder lo que el estado les da y que cada vez será menos. Hay que apoyar a Chávez, hay que votar por el fín de la democracia, hay que votar por el SI. Lo que recibes del estado, el estado te cobrará con creces.
Ya lo dijo Trotsky:
“En un país donde el único empleador es el Estado, el oponerse supone una muerte lenta por inanición. El viejo principio: El que no trabaja no come es reemplazado por el que no obedece no comerá”.
“[El cierre de Radio Caracas Televisión] es el acto más democrático, más libertario de la historia de Venezuela” - Eloísa Lagonell, encargada de negocios de Venezuela en México
Antes de que me digan que como mexicano no tengo derecho a opinar sobre lo que hoy ocurre en Venezuela, antes de que me hagan notar que no conozco la historia de Venezuela, me acusen de neoliberal y reaccionario por no apoyar a la Revolución Bolivariana, que alguien me explique por favor cómo el cierre de un canal de televisión puede ser un acto democrático y libertario.
Espero llegar a ver algún día RCTV, confío que la libertad habrá de volver a Venezuela.
No se si haga falta insistir en ello, pero lo dire de todos modos: Al cine no se va a aprender historia.
Dicho lo anterior dire que El últmo Rey de Escocia es una excelente película, un “thriller” de primera y que el premio Oscar que ganó Forest Whitaker por su actuación era más que merecido.
Si se me pidiera decir con una sola palabra de qué trata la película tendría que decir que sobre la Seducción. Un pueblo seducido por un caudillo, un caudillo seducido por el poder, un extranjero seducido por una nación africana son los elementos que al mezclarse dan como resultado una historia tan emocionante como interesante.
Idi Amin se impuso a sí mismo diversos nombres y títulos como “Rey de Escocia”, “Señor de todas las bestias de la tierra y peces del mar” y ”Conquistador del Imperio Británico” entre muchos otros. Sólo le faltó llamarse “Rayo de esperanza”.