~ El  Sr. Slim parece haber olvidado que es dueño de un banco y de que el buen juez por su casa empieza.

Me sorprendieron mucho las declaraciones hechas por el Sr. Carlos Slim durante la Convención del Mercado de Valores

Según las notas publicadas en La Jornada, Milenio y El Universal:

  • Criticó a los bancos por las tasas de interés que cobran en las tarjetas de crédito califícandolas de “impagables”, “altísimas y “excesivas”.
  • Afirmó que no hay competencia en el mercado crediticio de consumo.
  • Señaló que las tasas están 10 veces por arriba de lo que se capta, cuando lo adecuado sería entre tres y cuatro veces
  • Urgió al gobierno mexicano a que imponga un techo al nivel de tasas de interés.
  • Sugirió que a los deudores hipotecarios se les permita por tres años pagar sólos intereses de su hipoteca.

El Sr. Slim parece haber olvidado que es dueño de un banco y que el buen juez por su casa empieza.  No hay nada que le impida bajar las tasas de interés que cobran lass tarjetas de crédito de su banco, que según la página de Inbursa llegan a tener un costo anual total del 48%

Si cree que en el sector del crédito al consumo no hay competencia, el puede iniciarla, puede bajar comisiones y tasas, publicitarlo y ganar mercado mientras lo hace.   Si me ofrecira una tasa entre 3 y 4 veces la que paga a sus ahorradore yo cancelaría mi tarjeta de crédito actual y solicitaría una a su banco.

No hace falta que urja al gobierno a imponer un techo a las tasas de interés, ¡él podría llevarlas hasta el suelo si qusiera! 

Hasta donde entiendo, la ley permite a los deudores hipotecarios renegociar su deuda a otro banco.  Nada le impide ofrecer a sus clientes actuales y a quienes pasen su deuda hipotecaria a su banco ese programa de 3 años pagando solo intereses.

El señor Slim no ha olvidado que tiene un banco, eso está claro, como el que tampoco ha olvidado que a través del favor político y la intervención gubernamental  se pueden obtener ventajas y privilegios que los mercados libres jamás otorgan. 

Su discurso, contrariamente a lo que muchos suponen no es un discurso a favor de los consumidores, sino a favor de la intervención gubernamental que tanto le ha favorecido en el pasado y que desea que le siga favoreciendo en el futuro.