Mi medicina fue declarada ilegal.
Posted on October 26th, 2008 in Uncategorized |
Desde hace varios meses venía tomando el medicamento Acomplia (Rimonabant) como parte de la terapia que mi médico propuso para combatir el problema de obesidad que padezco. Antes de recetarme el medicamento, ordenó que se me realizaran diversos estudios de laboratorio y determinó en función de los resultados, mi historia clínica y la de mis padres que el tomar Acomplia era adecuado para mí. Me fueron explicados los riesgos y efectos secundarios, y estuvimos de acuerdo que el beneficio esperado superaba los riesgos.
A lo largo del tratamiento asistí a consultas de seguimiento con mi médico y recibí atención de parte del laboratorio fabricante, que periódicamente me llamaba para estar al tanto de mi evolución así cómo para ofrecerme asesoría y consejo. Los resultados obtenidos hasta ahora habían sido sumamente satisfactorios.
Para mi infortunio, el tratamiento que originalmente había estado previsto que durara un año tendrá que verse interrumpido pues el pasado 23 de octubre la COFEPRIS decidió suspender temporalmente la comercialización de dicho medicamento. Así que como paciente yo no tendré acceso al tratamiento que el médico me había recomendado y que yo había aceptado seguir. El gobierno ha impuesto su decisión sobre la del médico y el paciente.
Esta situación me molesta muchísimo. No me parece correcto en lo absoluto que esté en manos de los gobiernos decidir qué medicamentos pueden o no llegar al mercado. Creo que esta decisión es una que debería competer exclusivamente a médicos, pacientes y laboratorios.
Puede pensarse, ingenuamente a mi parecer, que es función propia del gobierno “protegernos” mediante la prohibición de la comercialización de los medicamentos que juzgue peligrosos. Digo que ingenuamente, porque hace falta ingenuidad para creer que los burócratas que decidirán si un fármaco pueda o no llegar al mercado no puedan ser objeto de engaño, presión, extorsión o soborno. Que esos funcionarios sean en realidad ángeles infalibles que solamente pueden tener presente, al momento de tomar una decisión nuestro bienestar y no sus propios intereses.
Por lo que sé, a pesar de las buenas intenciones del gobierno se han s aprobados medicamentos que más tarde resultaron nocivos para la salud, y su intervención no ha impedido que se comercialicen, mediante argucias legales todo tipo de productos que prometen curar males de toda índole sin el menor respaldo científico de su efectividad o inocuidad.
La intervención del gobierno en el mercado, lejos de protegernos, puede terminar constando vidas al impedir que lleguen al mercado productos que los pacientes requieren y desalentando, por los altos costos que atender la reglamentación supone, el desarrollo de nuevos medicamentos. Yo tengo la suerte de que existen diversas alternativas de tratamiento para mí distintas a la que acaba de prohibir el gobierno. Sin embargo, no todos los pacientes son igualmente afortunados y posiblemente en este mismo instante haya alguien que pudiera mejorar su vida, o incluso salvarla si tuviera acceso a un medicamento que no ha recibido el visto bueno del gobierno.
A continuación un video en el que el profesor en economía Daniel Klein abordó el tema hace algunos días sobre el tema.
Lamento también esta prohibición también porque podría dar lugar al surgimiento de un mercado negro de este producto, a la aparición de producto falso y a que diversas personas intenten tratamientos aún más peligrosos a falta de este.
Me molesta saber que el gobierno ha prohibido la venta de un producto que puede mejorar la calidad de mi vida y que ni mi médico ni yo tenemos la capacidad de decidir si vale la pena correr los riesgos que su uso supone. Especialmente cuando sé que el riesgo que tengo de morir o sufrir daños graves a mi salud por tomar ese medicamento son sumamente bajos, sobre todo si se les compara con los de morir en un accidente automovilístico en el que estuviera involucrado un individuo que hubiera recibido del gobierno una licencia para conducir.
3 Responses
Querido Ramón: a lo largo de mi vida he conseguido que bastantes amigos con problemas de obesidad adelgazaran hasta quedarse en un peso normal. Y siempre, el tratamiento consisitió en invitarlos a vivir conmigo una temporada, y comer conmigo, lo mismo que yo.
Que conste que soy buena cocinera, de las de toda la vida, y suelo guisar legumbres, arroz, pastas, y pescado o huevos, cada día de una forma, acompañado de ensalada, verduras y hortalizas asadas o cocidas, aliñadas con aceite de oliva, y pan casero. Y hago cuatro comidas al día: desayuno, almuerzo, merienda y cena.
Sin pasar hambre, todo el mundo ha adelgazado de 6 a 10 kilos el primer mes, y de 4 a 7 el segundo mes. Y te hablo de gente con problema de obesidad mórbida.
Eso sí, en mi casa no hay nunca nada en la nevera, más que verduras, frutas y leche; nada de conservas ni embutidos, ni fritos ni chucherías, ni alcohol.
Y me juego mis ahorros que con una dieta como la mía no hay el efecto rebote que tienen los medicamentos para adelgazar, ni los efectos secundarios.
Respecto a las prerrogativas de la salud pública, en defensa del consumidor, cuando se demuestra que un medicamento tiene más efectos nocivos que curativos, opino lo mismo que con los estafadores que engañan en el peso o en los materiales: hay que ir sin piedad contra ellos, y aplastarlos con todo el peso de la Ley. O hacerles que asuman los gastos sanitarios y las sevicias morales que provoquen.
El tema de los medicamentos controlados fue el primer tema que traté en mi blog.
Aparte de las drogas ilícitas, no debe haber ninguna prohibición en contra de cualquier medicamento que incluye información escrita para advertir sobre los posibles efectos secundarios perjudiciales.
Gatopardo,
De verdad que me gustaría poder tomar la terapia que propones y disfrutar de la comida que preparas y no dudo de su efectividad.
Pero precisamente porque no puede hacerlo es que tuve que buscar una alternativa. En mi caso había llegado el punto en que por mi propia obesidad el apetito había aumentado y aunque tengo tanta fuerza de voluntad como cualquiera, simplemente tenía muchísimo más apetito que voluntad y se me hacía difícil realizar ejercicio.
Como además viajo mucho y sobran ocasiones para comer mal y en exceso la mesa estaba puesta, literalmente, para caer en un círculo vicioso.
Acomplia me ayudó a disminuir notablemente mi apetito sin producirme diversos de los malestares que ocasionan otros productos que ya están en el mercado. Sin ese apetito la tarea de comer mejor y menos se facilitó notablemente. Con la pérdida de peso hacer ejercicio dejó de ser tan difícil. Hubo un periodo en que por indicación del médico dejé el producto no sufrí rebote, aunque dejé de bajar de peso.
Lo que conseguí con el medicamento me dejó muy satisfecho y lamento no haber podido terminarlo. Sobre todo a la luz de la información que la comisión europea de medicamentos sobre los motivos de su recomendación para suspender la venta, pues entre ellos se encuentra el de que los riesgos superan los beneficios si no se toma durante el tiempo correcto.
Dicho de otro modo, por la decisión gubernamental yo por lo pronto correré todos los riesgos y no seré de capitalizar todos los beneficios del tratamiento. Eso no me hace feliz.
Creo que las organizaciones de salud pública no deberían determinar si los riesgos son mayores que los beneficios, sino el médico, pues es quien conoce de cerca la situación de paciente.
Pero estoy de acuerdo en que la autoridad debe de intervenir y castigar cuando se haya emitido información falsa o engañosa, ocultado riesgos conocidos o nuevos riesgos detectados. El gobierno debe garantizar que las personas afectadas por ese tipo de conductas, especialmente si de salud se trata, reciban castigos ejemplares que los disuadan de realizar semejantes conductas y restituyan en la medida de lo posible a la víctima. En eso estoy de acuerdo contigo.