“No toleraremos a especuladores” - Felipe Calderón


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Yo soy un especulador, lo confieso. Según el diccionario, especular es efectuar operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios. Yo lo he hecho.

Supongo que este no es el mejor momento para hacer semejante confesión. Políticos de todas las tendencias hoy alzan su voz en contra de los especuladores y los acusan de ser los causantes de todo tipo de calamidades, desde la subida en los precios del petróleo hasta la caída en el valor de los inmuebles. Han lanzado una cacería de brujas en nuestra contra.

Culpar a las brujas de algún evento terrible y difícil de explicar les resultaba conveniente a las autoridades del siglo XIII, culpar a los especuladores les resulta conveniente a las autoridades del siglo XXI. Los políticos saben que culpar a los especuladores es poco riesgoso y muy rentable. Entienden que la mayor parte de la gente no sabe bien quienes son o que hacen los especuladores. Por ello han decidido culparnos a nosotros de los problemas de que ellos crearon.

Creo que vale la pena hacer notar que los especuladores no tienen ningún interés particular por hacer subir el valor de un bien en particular, sea el oro, el petróleo, los inmuebles, el maíz, o las acciones de Apple. Lo que quieren los especuladores es obtener un beneficio económico al realizar sus operaciones de compra y de venta.

Trataré de explicarlo con un ejemplo. En mi caso, la mayor parte de mi actividad como especulador se realiza en torno a futuros de dos divisas: el peso mexicano y el dólar de estadounidense. Si yo compro dólares a futuro es porque creo que el valor del dólar a la fecha pactada será mayor que el del precio que hoy estoy pagando por él. Por otro lado, quien me vende esos dólares a futuro cree que ocurrirá exactamente lo opuesto, de otro modo no estaría dispuesto a venderme. Ni la parte compradora, ni la parte vendedora hacemos la operación con el propósito de que suba o baje el tipo de cambio, lo hacemos con la esperanza de que nuestros pronósticos estén en lo correcto.

Hoy muchos se lamentan por la caída del mercado inmobiliario y culpan a los especuladores. Sin embargo no recuerdo que haya habido mucha gente quejándose de los especuladores cuando los valores de sus inmuebles subían como la espuma. Sin duda el que el valor de los inmuebles se haya derrumbado es trágico para el propietario de quien compro un inmueble con la intención de venderlo, o para quien contrajo una deuda para comprar un inmueble por un importe mucho mayor que el valor actual del mismo. ¿Pero qué hay de quienes no tenían un inmueble ni posibilidades de adquirir uno? ¿De quienes fueron prudentes en lugar de comprar a crédito “la casa de sus sueños” decidieron esperar un poco para a ahorrar lo necesario para comparar la casa que necesitan? ¿Acaso los especuladores querían beneficiar a algunos para luego dejar de hacerlo y beneficiar a otros? Lo dudo.

Es verdad que las operaciones especulativas influyen en los precios vigentes. Pero yo sinceramente no veo cómo pueda ser eso malo. Si los especuladores, por ejemplo, perciben que dadas las condiciones actuales habrá escasez, digamos de maíz, se interesarán en comprar futuros de maíz. Eso elevará el precio a futuro y muy posiblemente los precios actuales. ¡Qué horror! Pensarán algunos y dirán que no es justificable que en el presente, en que pueda haber abundancia de un producto se eleve su precio por lo que es una escasez percibida en el futuro.

Pues bien, a ellos les diría que es precisamente ahí donde los especuladores hacen una de sus mayores contribuciones. Al afectar los precios presentes terminan por incidir de manera benigna en el presente. Si el precio del futuro del maíz sube, y como consecuencia el precio del maíz en el presente también lo hace, el productor podrá ganar más por su cosecha actual, lo cual le otorgará recursos adicionales que permitirían extender sus cultivos o invertir más en ellos para aumentar su producción. Al mismo tiempo le manda a los consumidores la señal de disminuir su consumo de maíz y favorecer a otros granos. Todo ello dará lugar a que por una parte disminuya la demanda y por otra aumente la oferta que llevaría a una disminución de precios.

Contrariamente a lo que muchos creen, todo parece indicar que los mercados especulativos no promueven que haya subidas y bajadas drásticas de precios de los bienes. Existe evidencia de lo contrario, un buen ejemplo es el caso de las cebollas, que por una ley supuestamente destinada a evitar los cambios abruptos de precio debido a la especulación prohíbe que se cotice la cebolla en los mercados de futuros de Estados Unidos. Contrariamente a lo que pudiera pensarse la volatilidad es mayor en la cebolla que en otros productos agrícolas. Eso es entendible, pues de pronto se tienen picos de producción durante la época de cosecha que hacen que el precio se desplome y luego subidas de precio abrupta al terminar la temporada. Como no existe un mercado en done pactar operaciones a futuro, tampoco se ha desarrollado para las cebollas la infraestructura y mecanismos que se han desarrollado para otros productos agrícolas a fin de permitir su cumplimiento.

Así que los especuladores como yo lejos de ser un mal, podemos ser un factor muy positivo en la economía, haciéndola más dinámica, facilitando transacciones, estabilizando los precios, alertando tempranamente de los problemas y oportunidades que hay en distintos sectores de la economía.

Así que cuando veas un especulador, muéstrale cariño y comprensión.