La verdad, la justicia y el patriotismo encarnados.
Posted on April 14th, 2008 in Uncategorized | 7 Comments »
En el blog de Jesús Silva-Herzog Márquez me encontré el siguiente texto que quiero compartir con ustedes:
“Una versión contemporánea [del Diccionario de los políticos. Escritos para divertimento de los que ya lo han sido y enseñanza de los que aún quieren serlo de Juan Rico y Amat] tendría que incluir entre sus voces la “toma de tribuna.” La definición podría ser algo así:
ocupación de la tribuna legislativa por parte de un grupo de diputados o senadores con el propósito de impedir el despotismo de la deliberación y las coacciones de la mayoría.
Quienes toman la tribuna siempre se ven obligados a hacerlo. No les queda de otra. Por fortuna, estos tribunos son patriotas: representan los verdaderos sentimientos nacionales. Mientras que el resto de la legislatura se empeña en imponer su depravación, ellos cuidan amorosamente a la patria. No necesitan pedir la palabra y exponer sus ideas; basta con impedir que los otros difundan el error. No pierden el tiempo haciendo política parlamentaria: la conquista física del congreso es suficiente para imponer su voluntad—que es, recordémoslo, siempre la voluntad del país. Se trata de un procedimiento nativo de estas tierras pero impecablemente democrático: si los enemigos de la nación pretenden atentar contra de la patria, quienes encarnan la verdad, la justicia y el patriotismo se aposentan en el estrado para impedir con panza y hombro la actuación de los malvados. Ya se sabe que la voluntad del pueblo no requiere comprobaciones numéricas ni tiene que hacer seguir los latosos procedimientos de la ley: se expresa por la voz de quien encarna a la Nación y se prueba en la aclamación. Además es divertido: a la solemnidad del anuncio, siguen cantos, bailes, disfraces y ronquidos. ¿Quién dijo que defender la soberanía tenía que ser aburrido?”
A mí me llama poderosamente la opinión que hay personas que ven en la toma de las tribunas como “una disrupción del orden para defender la Constitución” y que creen que llamar inciviles a los legilsadores que eso hicieron equivale a demonizarlos.
Creo que hace falta ser profundamente ignorante o haber pasado demasiado tiempo en las aulas recibieno una educación retorcida para formarse esas opiniones. Por eso la mayoría de los mexicanos rechazaron tal acción (aunque no provengan de “buena cuna o mullida posición social”) .
