Archive for March 29th, 2008

Error común no. 18

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La discriminación positiva es necesaria para compensar a las minorías de los efectos de la explotación o discriminación de la que sufrieron.


Hands Of Harmony, originally uploaded by Vermin Inc.

 

Mi madre - por Don Boudreaux

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Mi madre (junto con mi padre) contribuyeron a la civilización de la mejor manera en que alguien puede aspirar a hacerlo: Le enseñó a sus hijos a ser civilizados. - Don Boudreaux


Motherhood, originally uploaded by launceston_lad.

 

Soy un lector asiduo de Café Hayek de Don Boudreaux cuya madre falleció recientemente. Tras leer lo que escribió sobre ella no pude evitar pensar en mis padres y en mis abuelos.  Me sentí profundamente conmovido. Como una forma de respeto y como un tributo para ella me permito reproducir traducidas al español sus palabras las bellas palabras de su hijo para compartirlas con ustedes.

Mi Madre

Por Donald j. Boudreaux

Viernes, Marzo 28, 2008

En la madrugada del 16 de Marzo murió mi madre. Carolyn Rita Gerding Boudreax tenía 69.

Cinco años atrás a mi mamá se le diagnosticó fibrosis pulmonar idiopática. Esta terrible enfermedad hace que los pulmones dejen de ser esos órganos que hacen posible la vida para convertirlos en un fibroso material de desperdicio. Afortunadamente, la calidad de vida de mi madre hasta sus últimos días fue razonablemente buena. Máquinas de oxígeno portátiles, atención médica y medicinas modernas le permitieron vivir por más tiempo y con mayor comodidad de lo que hubiera sido posible de haber contraído esta enfermedad hace 30 o 40 años. Yo me siento agradecido de haberla tenido en mi vida por casi 50 años.

Ella era, por supuesto, especial para sus amigos y seres queridos. Pero mi madre no tendrá un pie de página en ningún libro de historia. No habrá monumentos construidos en su honor. No habrá días festivos que conmemoren su vida. No habrá avenidas que lleven su nombre. En dos o tres generaciones a partir de ahora, nadie sabrá de su existencia o se interesará en ella.


Sin embargo ella fue una buena y gran mujer. Junto con otras innumerables personas buenas y grandes como ella, fue vital para la civilización. Si removieran a las personas como mi madre de este mundo nos volveríamos barbáricos, brutales y deshonestos. La posiblidad de que interacciones civilizadas ocurrieran fuera de las familias desaparecería. La sociedad se colapsaría. Mi madre (junto con mi padre) contribuyeron a la civilización de la mejor manera en que alguien puede aspirar a hacerlo: Le enseñó a sus hijos a ser civilizados.


Ese no era un objetivo que tuviera en mente al criar a sus cuatro hijos. Conscientemente, lo único que quería era ser una buena madre, una mujer que criara a cada uno de nosotros de modo que lográramos realizar nuestro potencial. Ella a su vez fue criada para entender y respetar la diferencia entre lo bueno y lo malo.

Para mi madre nunca había excusa para hacer algo malo. Los filósofos profesionales pueden y deben explorar el significado de lo bueno y lo malo y debatir cuestiones éticas. Pero su parloteo esotérico no puede mejorar la ética de personas como mi madre.

Cuando tenía unos 5 años, mi mamá me llevó a visitar a nuestra vecina de al lado, la señorita jane. Mientras estuve en casa de la señorita Jane tomé un puñado de ligas de hule que tenía en el perilla de la puerta de su cocina. Mi mamá descubrió mi botín hasta después de que regresamos a casa. Sujetó mi brazo, me jaló hasta la casa de la señorita jane y me hizo regresar las ligas y pedir disculpas por haber robado. Así lo llamó mi madre: robar.

Le explique que lo que había tomado no eran más que unas ligas de poco valor. “No importa, Donald!” me contestó mi madre. “Robar es robar. Y tú robaste. Yo me siento apenada por tu culpa.”

Hasta este día, recuerdo este incidente vívidamente. Recuerdo haberme sentido avergonzado.

No imaginen que mi madre como alguien que nos disciplinaba severamente. Aunque era incansable para lidiar con nosotros cuando nos portábamos mal, el talante de mi madre siempre fue gentil y amoroso. Sobre todo con su forma de vivir cada día de su vida, mi madre nos hizo desear ser buenos.

Tanto mi madre como mi padre nacieron en familias de clase trabajadora, y mi mamá y papá fueron de clase trabajadora hasta que se jubilaron. Mi mamá como una dependiente en una ferretería, mi papá como trabajador en un muelle. Ni una sola vez los escuché ventilar siquiera un poco de resentimiento porque su ingreso estuviera por debajo del promedio.

Sencillamente no se les ocurría envidiar a las familias ricas o suponer que las riquezas de otros hubieran sido extraídas de nuestro nido familiar. Cada vez que mis hermanos o yo nos quejábamos de la pobre calidad del coche de la familia o de lo apretados que vivíamos en nuestra casa, mamá y papá siempre decían, “Den gracias por lo que tenemos y trabajen duro para que ustedes puedan tener más cuando crezcan”.

Noten el optimismo de su respuesta. Trabajen duro y conseguirán. Tan políticamente incorrecta como resulta decirla, tal frase es cierta.

Igual de políticamente incorrecta era la hostilidad visceral de mis padres contra la victimización. Recuerdo muchas ocasiones en que siendo niño culpé a otros de mis infortunios -de mis malas calificaciones, digamos- y cada vez mis padres insistían en que la única persona a la que debería culpar era a mí mismo. ¿Cuántas veces en aquel entonces me enfurecí ante la negativa de mis padres a aceptar mis escusas? ¿Y cuántas veces se los he de agradecer ahora el que las hayan rechazado?

Mi padre y mi madre criaron a cuatro niños para que fueran responsables, honestos, no envidiosos y trabajadores. En memoria de mi madre – y de las innumerables madres y padres en este mundo que han hecho lo mismo – doy mi agradecimiento de todo corazón.

Mamá, viviste bien tu vida. Muy bien de hecho.

Donald J. Bodreaux es el director del Departamento de Economía en la Universidad George Mason en Fairfax, Va.