Soft Pink Smoke, originally uploaded by Pink Sherbet Photography.

Yo nunca he fumado, mi esposa no fuma, mis padres no fuman y espero que mis hijos jamás fumen. Me cuento entre los que se sintieron aliviados por la prohibición de fumar en los aviones y soy de los que piden mesa en el área de no fumar y habitaciones de hotel para no fumadores. El humo de cigarro me molesta mucho, pero más me molesta el que se aprueben leyes que prohíban a los adultos fumar y convivir con otros adultos en un espacio público cerrado en el que no está permitida la entrada a menores de edad.

Creo que como adulto no fumador yo debería de ser libre de tomar la decisión de asistir o no a un sitio para adultos donde está permitido fumar. Creo que como ciudadano, fumador o no, yo debería tener la libertad de abrir un establecimiento para adultos en el que se permitiera fumar. Yo debería tener el derecho de decidir si el riesgo que supone convivir con mis amigos fumadores vale la pena. Yo debería tener el derecho abrir un establecimiento para mayores de edad en el que estuviera permitido fumar y correr el riesgo de perder los ingresos que los no fumadores que se nieguen a asistir generaría. Yo debería tener el derecho como trabajador a decidir si emplearme o no en un lugar en el que hay fumadores a sabiendas de los riesgos que ello supone.

Habrá quien argumente que “la necesidad” llevaría a muchos a aceptar esos trabajos a pesar de los riesgos sin una recompensa adecuada. Pero ese mismo argumento podría hacerse respecto a cualquier otro trabajo peligroso. ¿Cuál sería la compensación “adecuada” para los riesgos que corre un minero, un corredor de autos, un radiólogo o un domador de leones? Nada parecerá adecuado para quienes no estarían dispuestos a correr esos riesgos a ningún precio, pero no por ello debería impedírsele a otros asumirlos a cambio de una contraprestación que ellos encuentren adecuada.