Creo que todos los seres humanos valoramos la libertad, al menos nuestra libertad. Pero estamos dispuestos a ponerla en riesgo a cambio de dos cosas: regalos y restricciones a las libertades de otros.

Nos gustan los regalos. Nos gusta obtener las cosas que deseamos sin incurrir en los esfuerzos que supone ganárselas. Así las cosas, nos resulta fácil caer en la tentación de darle al gobierno el poder de dárnoslas y votar por quienes estén dispuestos a ejercer ese poder. No son muchos los que ante la tentación de conseguir algo que desean se ponen a reflexionar que para que el gobierno dé algo, antes tuvo que quitárselo a alguien. Menos aún en que ellos mismos se pueden convertir en ese “alguien” al que el gobierno en algún momento le quitará algo… o todo.

Estoy convencido de que muchos seres humanos repudian la libertad de la que otros gozan porque creen que le están dando un mal uso y que por lo mismo deberían imponérsele restricciones que van más allá del límite que los derechos y libertades de otros supone. Por lo mismo están dispuesto a darle al gobierno el poder para imponer tales restricciones. De forma semejante a la presentada para el caso anterior, no se dan cuenta de que al poner el riesgo las libertades de otros terminan poniendo en riesgo las libertades propias.

Por ello creo que es importante insistir en la cuasa de la libertad. No solo porque valoramos nuestra libertad personal, sino porque al defender la libertad pavimentamos el camino hacia la prosperidad.

En el blog de Johan Norberg me encontré con la siguiente gráfica públicada por el Indice de Libertad Económica del Wall Street Journal and the Heritage Foundation que demuestra lo anterior.

A medida que las libertades se amplían, la prosperidad aumenta. México hoy ocupa el lugar número 44 de este índice con un porcentaje de libertad del 66.4 lo que lo coloca como un país “moderadamente libre”. No es de extrañar que el nuestro también sea un país moderadamente próspero.

Hoy en México existe una fuerte oposición a ampliar las libertades existentes, incluso hay grupos que presionan para restringirlas aún más. Alegan que lo hacen para proteger a los más pobres, para defender nuestra soberanía, para garantizar un futuro mejor pero en realidad sus políticas terminarán por hacer justamente lo contrario y conducirlos en una carrera descendente hacia la miseria y el hambre como la que hoy se padece en el último país de la lista: Corea del Norte.