Posted on December 11th, 2007 in Uncategorized | 5 Comments »
“Nuestro país está sufriendo los defectos de su sistema educativo… una gran parte de los estudiantes no logra graduarse de la educación secundaria… estamos creado una subclase… los defectos del sistema educativo tienen su origen fundamentalmente en que se trata de un monopolio del gobierno controlado por el poder sindical… es una función válida del gobierno promover la educación perno no lo está haciendo… lo que hace es subsidar a las escuelas, no a los alumnos…”
Esas fueron palabras de Milton Friedman, hablando del sistema educativo de los Estados Unidos, aunque el diagnóstico podría ser perfectamente aplicable al caso de México.
Los partidos políticos en México le tienen miedo a lo mismo que le tienen miedo todos los que gozan de poder monopólico: a la competencia.
¿Quien es esa competencia? Tu y yo.
Es por ello que fingiendo atender demandas ciudadanas han pasado una reforma que incrementa su poder y protege sus privilegios.
Una reforma que te impedirá a tí y a mi postularnos a un puesto de elección popular sin en el apoyo de alguno de los partidos políticos existentes. Tu y yo no gozamos de los mismos derechos que aquellos que militan en un partido político y que cuentan con el favor de sus dirigentes.
Esta reforma nos prohibirá a ti y a mí comprar por cuenta propia o con el apoyo de la gente que comulgue con nuestros puntos de vista espacios en los medios para darlos a conocer. Ellos podrán decirnos lo que quieran en el medio que prefieran, pero nosotros no podremos hacer lo mismo.
Si tu o yo quisiéramos formar un nuevo partido político para competir con los ya existentes nos enfrentaremos con barreras prácticamente insalvables para poder hacerlo, porque los grandes partidos las han levantado pretextando que con ello se prevendrán el tipo de abusos que los partidos “emergentes” han cometido en el pasado. Es como si nos prohibieran entrar a un banco porque alguien antes lo robó.
En lugar de obligarse a conducirse de forma correcta y honesta pasaran una ley que prohibe que se hable de sus errores y deshonestidades para que ni tu ni yo nos podamos enterar de ellas.
Aprobarán una reforma que les beneficia a ellos, pero no a ti o a mi… sus competidores.
¿Alguíen cree que de verdad hace falta que nos protejan de spots como el que sigue?