Como mexicano y fan del blog de Scott Adams, creador de la tira cómica Dilbert,  me animé a traducir y a compartir con ustedes el post que escribió ayer sobre la inmigración.

Inmigración

Es difícil hablar sobre inmigración sin sonar como un racista.  Así que permítanme decir lo siguiente para quitarlo del camino: Creo que los mexicanos son superiores a mí.

Al decir “mí” me refiero a personas  que tienen  algo de Inglés, Polaco, Escocés, Holandés, Alemán y de Nativo Americano.  Puedo pensar en tres de esas personas a las que yo conozco.  Creo que mi hermano y mi hermana estarían de acuerdo en que comparados con los mexicanos no valemos madre.

Compárenme a mí con un mexicano en cualquier aspecto y perderé.  Por ejemplo, me gusta pensar que soy listo, pero siendo realistas, para cualquier tema que escojas, siempre habrá al menos un mexicano que sepa más que yo. ¿Lleva acento “más”?  No lo sé, pero te garantizo que debe haber un mexicano en algún lado que sí lo sepa.

Y ni hablar del sentido común y las habilidades cotidianas.  Si mi coche se descompusiera en algún sitio en que no hubiera señal para mi Blackberry es muy probable que yo muriera antes de encontrar alguna forma de conseguir ayuda.  Compara eso con el tipo que puedo ver desde la ventana de mi oficina trabajando en una construcción calle abajo.  Llegó aquí desde México y aprendió carpintería con tan sólo ver un martillo.  Yo solamente hablo inglés.  El lleva aquí un mes y ya sabe 1.1 idiomas.  Ventaja: el mexicano.

Los mexicanos tienen piel de buen aspecto que resistente a las quemaduras de sol.  Yo tengo una piel que parece un lienzo manchado de sopa, yo tengo que usar bloqueador solar para sentarme frente al monitor de mi computadora.

¿Qué hay con la durabilidad? Yo me puedo lastimar comiendo un plato de fresas. No creo que duraría mucho cosechándolas.

¿Qué hay del carácter?  En los suburbios de donde vengo, mucha gente con ingresos promedios contrata servicios de limpieza para que vayan a sus casas una vez por semana.  Casi siempre envían cuadrillas de tres mexicanas.  Cada cuadrilla tiene en su poder las llaves de muchísimas casas.  En 29 años que he vivido en California, el número total de robos que han sido atribuidos a  personal de limpieza mexicano es cero.  En comparación y en el afán de que no te incrimines a ti mismo, pregúntate en cuántos de los siguientes crímenes a incurrido tu mejor amigo:

  • Tener sexo con una menor de edad
  • Fumar Mariguana
  • Conducir a exceso de velocidad
  • Eludir el pago de impuestos
  • Beber siendo menor de edad
  • Copiar ilegalmente canciones
  • Conducir en estado de ebriedad
  • Robar papelería de su trabajo.

Existe una alta posibilidad de que tu mejor amigo sea un criminal.

Puedes alegar que cualquier mexicano que haya entrado ilegalmente a este país ha roto la ley, y eso es obviamente cierto.  Es culpable de trabajar duro para mandar dinero a casa y sacar a su familia de la pobreza.  Yo automáticamente quiero a ese tipo de personas, en cambio  tu mejor amigo parece más bien un patán.

Puedo entender los argumentos de las dos posiciones en torno a la inmigración.  Y estoy seguro que tendría una visión distinta si viviera en una parte del Sur de California infestada por pandillas.  Pero el pequeño y sucio secreto que la mayoría de los californianos saben es que los inmigrantes mexicanos, legales o no, elevan el promedio nacional de “gente buena”.  Si ello no fuera tan obviamente cierto, la frontera se hubiera sellado hace muchísimo tiempo.  Yo personalmente hubiera ido a la frontera con algunas tablas y un martillo con la esperanza de que alguien del otro lado me enseñara a usarlas.

¿Qué opinan?