Everything Bad is Good for You

Autor Steven Johnson;
Fecha de Publicación 02 May, 2006

Rating ★★★★☆
 
Supongo que más de una persona, al darse cuenta del tiempo que pasa mi hijo jugando videojuegos llegará a la conclución de que el pobre estará condenado a convertirse en un imbécil y que yo soy un pésimo padre por haberlo acercado al mundo de los videojuegos desde muy pequeño (antes de cumplir los 4 años, Luisito ya era un experto piloto de carreras en los mundos virtuales de Lego Racers).
 
A diferencia de otros padres, a mi nunca me ha preocupado demasiado que mi hijo pase varias horas a la semana jugando con el Wii, el XBox o el DS, que vea Los Simpsons o sus programas o películas favoritos en la tele. No me preocupa porque siempre lo hace bajo la supervisión o en compañía de su papá o su mamá. Además, siempre había tenido la sensación de que lejos de ser perjudiciales para él, todas esas actividades posiblemente resultaban benéficas.
 
Hace algunos días terminé de leer un libro de Steven Johnson titulado Everything Bad Is Good For You que vino a documentar mi optimismo. En su libro, Johnson muestra cómo el cine, la televisión y los videojuegos nos están hacendo más inteligentes.
 
A continuación traduzco un fragemnto que encontré especialmente provocador:
 
“Imagina un mundo alterno idéntico al nuestro salvo por un cambio tecno-histórico: los vidojuegos fueron inventados y se hicieron pupulares antes que los libros. En este universo paralelo, los niños habrían estado jugando videojuegos a lo largo de siglos -y entonces aparecieron estos textos en hojas de papel encuadernadas que se pusieron súbitamente de moda. ¿Que dirían los maestros, padres y autoridades culturales sobre este frenesí de lectura? Yo sospecho que sonaría parecido a esto:
 
Leer libros desestimula crónicamente los sentidos. A diferencia de la gran tradición de los videojuegos -que coloca al niño en un mundo tridimensional vívido, lleno de imágenes en movimiento y fondos musicales, navegados y controlados a través de complejos movimientos musculares- los libros son poco más que renglones de texto en una página. Solamente una pequeña parte del cerebro dedicada al procesamiento del lenguaje escrito se activa durante la lectura, mientras que los videojegos involucran a todo el rago de córtices sensores y motrices.
 
Los libros además los aislan de forma trágica. Mientras que los videojuegos han por muchos años han llevado a los jóvenes a desarrollar relaciones sociales complejas con sus pares, construyendo y explorando mundos juntos, los libros forzan al niño a retirarse a un sitio silencioso, desconectado de la interacción con otros niños. Estas nuevas “bibliotecas” que han aprecido en años recientes para facilitar las actividades de lectura son un espectaculo aterrador: docenas de niños, normalmente vivaces y socialmente activos, sentados solos en cubículos, leyendo en silencio, ignorando a sus semejantes….”
 
El autor aclara que el no está de acuerdo con la argumentación anterior, pero que tampoco se puede negar que está basada en hechos. El objetivo del ejercicio de imaginación no era otro que el de poner en evidencia que muchas de las cosas que hoy en día se dicen contra los videojuegos no son muy distintas, en escencia, al los que utilizó para descalificar a la lectura.
 
Nos hace notar una clara tendencia hacia la complejidad en los programas de televisión, las películas y los videojuegos.  Hoy se exige mucho más de la audiencia que hace 10 o 20 años.  Si comparamos videojuegos como PONG con SIM CITY, STAR WARS con LORD OF THE RINGS, o CSI con KOJAK podemos darnos cuenta de ello facilmente. Además, en lugar de presentarnos un futuro oscuro para la lectura nos presenta uno brillante, al señalar que si bien es cierto que la venta de libros puede estar a la baja, la lectura está al alza pues gracias a internet cada vez hay más lectores y más importante aún, mayor cantidad de escritores.
 
Yo por lo pronto me congratulo de haber comprado y leído el libro en el que de forma entretenida el autor, valiéndose de conocimientos de áreas tan distintas como la economía y la neurosiencia nos presenta argumentos bien sustentados y bastante convincentes de que la cultura popular no nos está conduciendo por una espiral descendente.
Precio del libro: US$16.95. Quitarse una carga de conciencia: no tiene precio.