¡Viva la desigualdad!
Posted on October 13th, 2006 in Uncategorized | 11 Comments »
~“Mira mis dedos, ni uno es igual al otro, si dos dedos de una mano no pueden ser iguales entre sí ¿cómo va a ser una persona igual a otra?”

Foto: pl_jakub
He escuchado en muchas ocasiones y de muy distintas personas que el capitalismo es el origen de la desigualdad y que la desigualdad es algo malo. Yo no estoy de acuerdo, en primer lugar porque estoy convencido de que el capitalismo no genera desigualdad y en segundo porque la desigualdad no es mala en sí misma.
De mi abuelo aprendí, en una de las muchas tardes que pasé sentado a su lado en Huamux, que los seres humanos no somos iguales. Me mostraba su mano y me decía “Mira mis dedos, ni uno es igual al otro, si dos dedos de una mano no pueden ser iguales entre sí ¿cómo va a ser una persona igual a otra?”. Al ver los dedos mi propia mano comprendí que tampoco era deseable que así fuera. Para que mi mano funcione, hace falta que mis dedos sean desiguales y aunque son desiguales, no me gustaría perder uno solo de ellos.
A diferencia de los pingüinos, las hormigas o los mandriles, los seres humanos somos muy distintos unos de otros. Esa desigualdad entre los individuos, que va más allá de la pura apariencia y que se amplifica cuando tenemos la oportunidad de ejercer nuestro raciocinio y nuestras libertades es lo que separa a la humanidad de la parvada, de la marabunta y de la manada.

En ningún otro sistema social las desigualdades entre los seres humanos pueden llegar a expresarse con tanta intensidad como en el capitalismo. Por ser el capitalismo el sistema social basado en el respeto a los derechos individuales, es bajo este sistema en el cual los individuos tienen mayores posibilidades para diferenciarse unos de otros. Al establecerse normas que garantizan la igualdad derechos y obligaciones en lugar de normas que busquen la igualdad en los resultados, los logros de cada individuo serán tan diversos como lo sean sus capacidades, talentos y habilidades. La desigualdad existía antes que el capitalismo y por ende éste no puede ser su origen.
La desigualdad no es mala, la pobreza es mala. No hay nada de bueno en ser pobre, excepto poder dejar de serlo. Imaginemos por un momento una sociedad sin pobres pero con mucha desigualdad. Una sociedad en la que el 10% de los individuos concentrara el 90% de toda la riqueza, pero que con el 10% restante todos los demás individuos tuvieran garantizada educación, salud, pensiones, vestido, vivienda digna y entretenimiento. Ahora imaginemos una sociedad en la que el ingreso estuviera distribuido por partes exactamente iguales entre todos los individuos pero ninguno tuviera lo suficiente para vestir, comer o mantenerse sano. ¿En qué sociedad te gustaría vivir? En una sociedad igualitaria o en una sociedad sin pobreza.
Hay quienes buscan ganar simpatías políticas haciendo discursos denunciando la desigualdad que se vive en México. Incluso un político que hace pocos días gritaba a una multitud enardecida que en México hay un hombre que gana 17 millones de dólares diarios cuando hay 40 millones de personas que tienen que sobrevivir con 24 pesos diarios. No miente el político, pero si se repartiera el ingreso diario de dicho personaje entre 40 millones de personas, le tocarían solo $4.67 pesos a cada una, con lo cual no se habría disminuido en nada la pobreza, si acaso se habría aumentado en 1 el número total de pobres.
No debe preocupar pues la desigualdad, porque la desigualdad es parte de la naturaleza huamana. Los seres humanos repudiamos la igualdad aunque digamos lo contrario. Basta ver cómo los jovenes que asisten uniformados a la escuela hacen hasta lo imposible por verse diferentes, por ser únicos por ser desiguales. El único lugar donde la igualdad se impone es en el ejercito, en la milicia, en las organizaciones socales de mando vertical y en las que la no existe lugar para la disdencia.

Deberíamos celebrar la desigualdad cuando ésta tiene su origen en el talento, el ingenio y la creatividad del ser humano. Deberíamos festejar los bienes que genera la productividad que es posible gracias a la desigualdad. Debemos alegrarnos por todos aquellos que lograron alcanzar el éxito, la fama o la fortuna gracias a que han mejorado aunque sea un poco la calidad de nuestras vidas. Lo que debe ocuparnos es combatir la pobreza y a aquellos que pretenden ganar espacios de poder valíendose de la mas rentable de las mentiras populistas: tú eres pobre porque ese señor es rico.