~Es un error común creer que la competencia es la esencia del capitalismo.
 
Sonríe, Vamos a ganar.

 

Es un error común creer que la competencia es la esencia del capitalismo. Si bien es cierto que la competencia es indispensable para este sistema, su esencia radica en algo muy distinto: el respeto a los derechos individuales, incluyendo el derecho a la propiedad.

La competencia no es exclusiva del capitalismo, de hecho, si ponemos atención, nos daremos cuenta que este fenómeno es aún mas intenso en los paises cuyos regímenes tienen economías planeadas o alta intervención estatal en la misma, aunque con algunas diferencias.

Bajo un sistema capitalista se compite por obtener la preferencia de los consumidores (todos lo somos), cada uno de ellos con necesidades y deseos particulares que pueden ser cubiertos de diversas formas. Ante esta situación surgen múltiples oferentes de bienes y servicios dispuestos a hacerlo.

Algunos sectores pueden llegar a ser sumamente competidos, debido a la concurrencia de muchos oferentes para atender a pocos clientes con productos similares o idénticos, como el del narcotráfico. Pero al mismo tiempo existen otros sectores donde la competencia es menos intensa ya sea porque hay mas demandantes de los que un solo oferente puede atender o el producto o servicio del oferente es altamente diferenciado, como en el del sexoservicio.

En el capitalismo se realizan diariamente millones de transacciones de compra y venta en las que los clientes deciden libremente qué comprar, cuándo y en que cantidad. Los clientes se benefician con sus compras y a la vez benefician a quienes satisfacen de mejor modo sus necesidades y deseos. Tú votaste por Apple si compraste un Ipod, o lo harás por Starbucks cuando pidas su White Chocolate Mocha Frappuccino. Democracia de gratificación instantánea.

En los sistemas con economía planíficada, mismos que suelen ser de corte autoritario, la competencia existe, pero siguiendo una dinámica que yo considero perversa. La competencia no es por obtener la preferencia del cliente, sino el visto bueno o el respaldo de quien detenta el poder, ya que la oferta de bienes y servicios se dirige desde el poder mismo, y desde allí se distribuyen los beneficios de la actividad económica. Bajo ese escenario, todos deben competir por quedar bien con el líder. En esas economías, todos son oferentes y hay un minúsculo grupo, a veces un solo individuo que hace las veces del “gran comprador”. La competiencia es entre los seres humanos por satisfacer a un solo grupo o persona y no entre muchas empresas por satisfacer a miles o millones de clientes. Por eso en Cuba las toallas son tan delgadas que puedes leer a través de ellas el Granma, el papel higiénico tan áspero que es preferible usar el Granma, y en el Granma nadie critica a Fidel.

Por eso un gobierno en el que el gobierno controla y planea la economía nunca podrá servir al “bien común”, pues todos somos consumidores y lo que es malo para los consumidores, no puede ser bueno para nadie, excepto para el grupo o el líder en el poder, claro está.

 

Sonríe. Ya ganamos.